La Traviata en el Teatro España: Reseña y sinópsis de la obra

Giuseppe Verdi (Roncole 1813 - Milán 1901) tenía la intención de hacer una ópera de ambiente contemporáneo, es decir, hacia 1850; de manera que al levantarse el telón los espectadores vieran sobre el escenario a personajes vestidos exactamente igual que ellos. La Traviata (La Extraviada) es un drama real e intimista desarrollado enteramente en interiores y que narra la relación de un muchacho de buena familia que vive feliz en amancebamiento con una ramera de lujo hasta que la tuberculosis, enfermedad que estaba ligada estrechamente a la vida licenciosa, pone término a dicha relación. La censura de la época y la gazmoñería del público hicieron que Verdi se viera obligado a trasladar la acción al París del 1700.
El libreto, obra de Francisco María Piave (Murano 1810 - Milán 1876), condensa y sigue fielmente la obra de Alejandro Dumas (hijo): La Dama de las Camelias.
La ópera, dividida en tres actos, fue estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853 cosechando un rotundo fracaso. El papel de Violeta fue cantado por la soprano Francesca Lucci Donatelli (Florencia 1815 - Milán 1891) más conocida por el apellido de su esposo Salvini; y Alfredo lo cantó el tenor Ludovico Graziani (Fermo 1820 - Ascoli 1885).
Sinópsis de la obra
ACTO I
Recepción en casa de Violeta Valery. Van llegando los invitados que celebran su recuperación y su retorno a la vida social parisina. Todos se divierten. Entre los asistentes se encuentran su amiga y confidente Flora Beloix, joven cortesana entretenida por el marqués d'Orbigny, que también asiste a la velada; el barón Douphal, actual pretendiente de Violeta; el doctor Grenville. Al poco rato llega el aristócrata Gaston de Loteareis, acompañado de su joven amigo Alfredo Germont a quien introduce por primera vez en aquella frívola sociedad. Lo va presentando a todos los invitados. Este apuesto muchacho queda hondamente impresionado por la pálida belleza de Violeta y manifiesta sus sentimientos en un apasionado brindis, Ello le ofrece su propia copa para que acabe de apurar su champaña. El gesto enardece aún m s al enamorado galán. Mientras los invitados pasan a otras salas para bailar a los acordes de un delicioso vals, Violeta se siente repentinamente débil y se queda atrás presa de un acceso de tos. Alfredo se le acerca e intenta convencerla de que cambie su modo de vida, El estado de su frágil salud interesa mas aún al apasionado Alfredo, que le propone huir, en su compañía, al campo, donde podrá reponerse de sus dolencias. La joven rechaza este amor ingenuo y sincero, demasiado puro para ella, alegando que sólo puede acarrear desdichas y sinsabores al hombre que la quiera de verdad. Acabado el baile los invitados se retiran y con ellos Alfredo y su compañero Gaston. Una vez sola Violeta sueña con el galán de aquella noche, y las bellas fantasías que le ha propuesto. Por primera vez, en su vida frívola y despreocupada, se enfrenta a un sentimiento verdadero,
ACTO II
Villa de Violeta en las cercanías de París. Alfredo, antes de salir de caza por los alrededores, corno acostumbra hacer todas las mañanas, refiere corno Violeta abandonó la mundanal y bulliciosa existencia que llevaba, paro recluirse con él en aquella rústico morada y entregarse por completo a su amor, en la apacible tranquilidad del campo, Por Annina, la doncella, se entera del precario estado monetario en que se halla su ama, que ha tenido que ir vendiendo sus propiedades para subvenir a los gastos que ocasiona la campesina residencia. Alfredo sorprendido y avergonzado, marcha a París para arreglar, de una vez, la delicada situación, Llega Violeta y Annina le comunica la partida de su amado, le entrega una invitación para un gran baile en casa de su amiga Flora y, al mismo tiempo, le anuncia la visita del señor de Germont, padre de Alfredo. Llega este caballero y acusa a la joven cortesana de ser la perdición de su hijo, haciéndola responsable de su ruina moral y material. Como ella se defiende y expone sus razones que demuestran que no es así, el noble anciano se conmueve al comprobar que no son malos los sentimientos que alberga el sensible corazón de aquella mujer. Tal vez, como ella misma explica, su único error es haberse enamorado seriamente de su amante, Para darle ocasión de demostrarlo, si en algo aprecia su felicidad, le exige una rápida ruptura como único medio para salvar a Alfredo de la deshonra y devolverlo al seno de su honesta familia. Al prometer ella obedecer sus deseos y ofrecerle escribir una cruel carta de despedida que no dejase ánimos a su adorador para seguirla, el venerable caballero se enternece por tanta abnegación y acaba por abrazarla y besarla en la frente. La desventurada Violeta escribe la carta que ha prometido y una breve nota aceptando la invitación de su amiga Flora para la fiesta de aquella noche. Sorprendida por el súbito retorno de su amante huye de él entrando en la casa. A poco vuelve el señor Cerrnont en busca de su hijo, Aparece un criado y entrega la carta redactada en los términos rotundos corno se había comprometido hacerlo, Alfredo se desespera al leerla y son vanos los consuelos que le prodiga su padre para mitigar su desengaño y tratar de retenerlo; furioso por creerse traicionado por su amante, va en su busca. 
ACTO III
Casa de Flora Belloix en París, Aquella noche tiene lugar el baile de trajes, y mientras en una de las estancias bailan las parejas, en otra se han dispuesto varias mesas de bacarrá para que los invitados puedan jugar. Se comenta la separación de Alfredo y Violeta y las relaciones que ésta ha reiniciado con su viejo adorador el barón Douphal, Llega Alfredo que, toma asiento en una de las mesas, y juega distraídamente, aunque ganando con una persistencia asombrosa. Entra Violeta en el salón, del brazo de su nueva amante, mientras Alfredo se extraña de lo inoportuno de su suerte ya que no necesita oro para comprar los favores de una mujer perdida. La joven sufre en silencio este ultraje y todas las insolentes alusiones que Alfredo hace a sus amores muertos. Al fin éste, en el paroxismo de su desesperación y excitados sus nervios al verla inmutable a sus hirientes pullas, acaba por arrojarle a la faz una bolsa repleta de monedas, y reta al barón en desafío, Se produce un gran revuelo entre los presentes, y mientras las damas recogen a Violeta, que se ha desmayado, los hombres censuran a Alfredo por su grosera actitud. Llega el señor de Germont, que ha recorrido medio París en busca de su hijo. Al enterarse del escándalo que ha protagonizado le reconviene duramente por su conducta ya que Violeta no merecía tal ultraje. Al enterarse de la abnegación de su amada, que no había hecho más que obedecer las exigencias de su padre, Alfredo se refugia avergonzado en los brazos cariñosos de éste, atormentada su conciencia por el remordimiento de su duro e injusto comportamiento.
ACTO IV
Alcoba en casa de Violeta. Ésta se halla acostada, dormitando, en tanto su doncella Annina vela su ligero sueño. El terrible mal que anida en su pecho tiene a la joven postrada desde hace varios días. No existen esperanzas de salvación. El doctor Grenville visita a la paciente. Trata de darle ánimos, si bien advierte reservadamente a Annina que restan pocas horas de vida a su ama. Una carta del señor Germont informa a Violeta de que ha tenido lugar el duelo entre Alfredo y el barón Douphal. Alfredo, que ha resultado ileso, irá a visitarla para implorar su perdón, pues está enterado de la verdad. Esto llena de alegría el débil corazón de la pobre enferma, pero las fuerzas la abandonan, Comprende que no ya hay remedio para su avanzado mal. Se despide con melancolía de todas las cosas que la rodean, mientras el bullicio del Carnaval que anima las calles contrasta vivamente con la tristeza que llena la habitación. Llega Alfredo y se precipita con pasión en brazos de la enferma, El tierno coloquio que sostienen, rememorando las horas de tibia felicidad que juntos vivieron en el campo, no hace m s que precipitar el inevitable fin de Violeta. En un fuerte acceso de tos que agita sus frágiles pulmones, expira en brazos del único hombre que ha amado de verdad, Alfredo derrama amargas lágrimas de dolor y arrepentimiento sobre el cadáver de su amante, guardando junto a su corazón un medallón que como recuerdo eterno le ha entregado poco antes de morir. El doctor Grenville y Annina murmuran una plegaria.
